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Documento poco oficial

Mi
testamento

■ ■⌣†

No parece muy afectado.

Si estás leyendo esto, pueden estar pasando dos cosas: sigo vivo o ya me he muerto.

Algo así como el gato de Schrödinger, pero conmigo y con bastante menos interés científico.

Si sigo vivo, perfecto. Seguimos.

Si ya me he muerto, ni se os ocurra meterme en un tanatorio detrás de un cristal, como si fuera un escaparate de Maisonnave.

Y no. Cerrar la cortina tampoco es una opción.

Llorad si queréis. Aunque si es de alegría, mejor.

Yo estaré bien. Creo que he hecho casi todo lo que quería hacer y, lo que no haya hecho, ya llego tarde.

Los que os quedáis aquí sois vosotros.

Eso sí, las fiestas están permitidas.

A día de hoy, pillad la zona VIP de Confetti y montad allí la despedida.

Para los invitados podéis usar mi lista de amigos de Facebook o Instagram, siempre que ellos también me sigan a mí. Si no, no vale.

Una cosa es estar muerto y otra perder la dignidad.

Para beber, Beefeater con limón. Acepto Larios 12.

Y quiero una foto mía GIGANTE en la pared. Gastaros la pasta.

Si soy el único que no puede ir a mi propia fiesta, por lo menos que se me vea.

Si la ciencia quiere mi cuerpo para algo útil, se lo queda la ciencia.

Si no, me incineráis.

Por mi apellido, seguramente en el siglo XIII tuve algún antepasado relacionado con los cementerios.

Lo siento por la tradición familiar.

Con las cenizas haced lo que os dé la gana. Eso sí, una parte tiene que acabar en el Sonorama.

Me lleváis a la Plaza del Trigo y, cuando esté hasta arriba y empiece a volar el agua, me tiráis allí y seguís con la fiesta.

Y mientras, a ver si acertáis quién coño toca en el concierto sorpresa. Podéis decir quinientos nombres, como siempre, que no va a acertar casi nadie.

Y a los que nunca habéis querido venir conmigo: así vais, cabrones. Mira que lo he intentado. Al final vais a tener que ir aunque sea para llevarme a mí.

Tampoco estaría mal que llevaseis algo al Spring, Low, Cooltural y Luminosity. Sabéis que les tengo un cariño especial.

Os podéis turnar. No hace falta que el mismo vaya a todos.

Aunque yo lo he hecho.

Y dadle duro al ciclo indoor.

Pero de verdad.

No os subáis a una bici pensando que sabéis más que el monitor y haciendo la clase a vuestra bola.

Ya sabéis que para mí el ciclo es sagrado. Me dan ganas de sacar la katana cuando explicas a alguien cómo mejorar y cinco minutos después sigue igual, como si le estuvieras hablando en finlandés.

Si el monitor no os gusta, no es obligatorio entrar en sus clases. Pero si entráis, respetadle a él y a su trabajo. No hagáis la clase que os salga de los cojones.

Por algo se llama clase dirigida: porque hay uno que dirige.

Y para los monitores que vais a lo básico: currároslo un poco.

Hay buenos monitores y buenas sesiones en Bestcycling. Para un apuro está bien, pero usarlo siempre es como despertarte todos los días en una casa que no es la tuya. Puede ser una casa cojonuda, pero sigue sin ser tu casa.

Ya sé que montar una sesión en MixMeister es un tostón, pero a la larga tiene recompensa.

Marcad vuestra personalidad y mirad a la gente que tenéis delante.

La sesión es vuestra, pero la clase es para ellos.

Sobre mis bienes materiales, lo importante son mis vasos de festivales.

Que se los quede quien haya venido a más festivales conmigo.

O quien más se haya colocado conmigo usando esos vasos.

Ya os apañáis.

Y a todas las personas con las que me he cruzado y he tenido algún tipo de relación personal, aunque fuera durante poco tiempo, gracias.

Mi personalidad y mi forma de pensar son también, en parte, culpa vuestra.

Para mí las relaciones se parecen a dos estrellas que se encuentran.

Empiezan a orbitar entre ellas. Algunas acaban fusionándose y otras salen disparadas cada una hacia una punta distinta del universo.

Pero después de encontrarse, ninguna mantiene exactamente la trayectoria ni la velocidad que tenía antes.

Con las personas pasa lo mismo.

De las que seguís en mi vida y de las que no he vuelto a saber nada, he aprendido algo.

Seguid con vuestra vida.

Recordadme cuando os salga. Contad historias mías y reíros recordando nuestras historias.

Pero no hagáis de recordarme una obligación.

Y a partir de ahí, poco a poco me vais olvidando... porque acabaréis haciéndolo con el tiempo, como hacemos todos.

Aunque seguro que algún día, cuando pensabais que ya me habíais olvidado, os saco una sonrisa.

Ricardo Sepulcre

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